Los Dichos de la Abuela: Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada…

Mi abuelo Marcelo Pancardo fue un cantautor de mucho talento y mediana fama en su época, que alcanzó algún tiempo de gloria cuando compuso el bolero titulado “Por si Acaso me Recuerdas”, que luego  fue grabado por el trío “Los Panchos” y que le brindó un poco de fama y fortuna, además del pretexto perfecto para no hacer nada más, pues con eso obtuvo la anécdota ideal para contar en fiestas, parrandas con los amigos e incluso con nosotros, sus nietos, cuando nos cantaba muy orgulloso algún pedacito de la famosa canción, rematando siempre con la frase: “ésta se la compuse a tu abuelita Camerina”.

Obviamente lo que la abue Camerina más deseó durante los 20 años que vivió con Don Marcelo no fue una canción famosa, sino comida en la mesa y dinero para los uniformes de los niños, pero eso, como dijeran por ahí, es otra historia.

El caso es que mi abuelo, Don Marcelo, tenía mucha madera para seguir su pasión en la vida y también contaba con los contactos adecuados para hacerlo, sin embargo, también se le sumaban dos grandes obstáculos que le impidieron ir más allá en su carrera como cantautor: el miedo al fracaso y el conformismo, por lo que decidió quedarse con su único éxito para ser recordado así, no fuera a pasar que su próxima canción no alcanzara lo que la primera…no fuera que FRACASARA en el intento (¿qué iban a pensar de él si semejante cosa llegara a suceder?)

Mi abuelo, como la mayoría de los mortales, le huía a la experiencia del fracaso como se le huye a la misma muerte. Por supuesto que fracasar no nos gusta a nadie; el solo hecho de pensar en “regarla”, “meter la pata” o como quieras llamarle, muchas veces es la principal causa de nuestra parálisis, apatía y estancamiento.

¿Y por qué sucede esto?

Pues es sencillo: porque no nos enseñan a afrontar el fracaso, a estar equivocados, a enfrentar nuestros errores y, sobre todo, a aprender de ellos. Sí, todos somos buenísimos para el discurso común de: “ay, ¡pero si todo el mundo se equivoca”, o “nadie es perfecto”. ¡Bla, bla, bla! La verdad, la “neta” (como decimos en México), es que, cuando se trata de nosotros mismos, de nuestras elecciones, nuestras creencias, nuestro trabajo, en fin, nuestras decisiones en general, queremos todo, menos estar equivocados. El hecho concreto es que le huimos a la palabra y a la experiencia del FRACASO, a la sensación de estar tomando el camino erróneo. Sí, cuando se trata de nosotros, todo ese discurso de “nadie es perfecto” simplemente se va por el caño.

¿A poco no?

Desde niños se nos enseña a ser unas maquinitas perfectas, de buenos modales y mejores calificaciones; punto extra si además somos buenísimos en algo, porque así le llevaremos ventaja a los demás seres comunes y corrientes. Se nos enseña a ganar, a presumir las victorias y esconder las derrotas. Y por supuesto que no estoy en contra de que seamos sobresalientes, o en festejar aquello en lo que de verdad somos extraordinarios, no; lo que creo es que, justamente porque no se nos muestra que el fracaso es parte de la vida y del éxito mismo, es que le huimos tanto y, cuando sucede, no sabemos cómo manejarlo y luchamos por esconderlo, borrarlo y salir de nuevo al mundo con nuestra sonrisa amarga de: “aquí no ha pasado nada”, cuando en realidad, lo que sería más sano de hacer es reconocer nuestros errores, sobreponernos y aceptar lo que nuestras decisiones han creado o, simplemente lo que la vida nos ha dado. Como rezara el dicho de mi abuela:

“Si del cielo te caen limones, aprende a hacer limonada”

Aunque yo la verdad creo que con los limones que nos da la vida no sólo podemos hacer limonada, sino pay, sopa y lo que se nos ocurra y, aunque algunos limones nos van a salir imperfectos o medio echados a perder, eso no quiere decir que todo el kilo sea inservible, ¿verdad? Y con la vida es lo mismo: el fracaso no nos define, sino nuestra fuerza de voluntad, nuestra disciplina y nuestra constancia, sin embargo, a veces por un limón echado a perder, decidimos que no valen la pena tampoco todos los demás.

Y la verdad, es que la vida es como una montaña rusa, en donde el camino es todo menos recto, en donde existen curvas sorprendentes y pendientes inesperadas… ¡y justo por ello es así de interesante y vale la pena vivirla! ¿No es verdad que por eso subimos, por eso nos emocionamos e incluso hasta repetimos el viaje?

Por si fuera poco, creemos que somos los únicos que han fracasado

Nada más lejos de la realidad. De hecho, los grandes éxitos provienen de también grandes fracasos, y las historias incluyen a cineastas, deportistas, científicos, estrellas de cine, etc. ¿No me crees? Checa en este link a estos 26 famosos que fracasaron estrepitosamente antes de probar las mieles del éxito (de hecho, el mundo se hubiese perdido de mucho si ellos no hubieran insistido en cumplir sus sueños): http://www.eureka-startups.com/blog/2012/11/20/triunfar/

Cómo “sacarle jugo” al fracaso

Hasta aquí todo suena bien, pero… ¿cómo le hacemos para realmente aprovechar el fracaso, aprender de él y seguir adelante? Aquí te comparto cinco puntos para que la experiencia del fracaso no acabe contigo, sino que al contrario: ¡te fortalezca!

  1. Enfrentarlo sin temor (o con el menor posible): Por supuesto que el miedo a fallar va a estar presente cuando decidamos dar el paso o más aún, cuando habiendo fallado previamente, decidamos volver a intentarlo. Sin embargo, si dejamos que el miedo se apodere de nosotros y de nuestras decisiones, lo único que lograremos será paralizarnos, así que te invito a que, aún con miedo, te enfrentes al cambio y actúes, pues si no lo intentas, nunca sabrás si esta vez, lo que decidas hacer, SÍ FUNCIONARÍA.
  2. Aceptándolo: Nos han enseñado tanto a esconder el fracaso, que incluso nos cuesta aceptarlo para nuestros adentros. En cambio, si aceptamos que cada esfuerzo que hagamos, cada relación que iniciemos y cada proyecto que emprendamos tiene la posibilidad de fracasar y que eso no significa nada más que una forma de aprender cómo no hacer las cosas, entonces vamos de gane. El fracaso existe, pero no tiene por qué convertirse en una experiencia paralizante, al contrario, es parte de la vida y de él se aprende más que si todo fluyera excelentemente bien, de eso no tengas duda.
  3. Analizándolo y aprendiendo de él: O.k., ya fracasaste, ya lo aceptaste y ya vas de nuevo a intentarlo. Aquí te pregunto: ¿ya tomaste también tiempo de analizar en qué y cómo fallaste? ¿ya pusiste en una balanza los pros y los contras de la experiencia? ¿ya tuviste oportunidad de tomar lo bueno y también lo malo y decidiste aprender de ello para no repetirlo en el futuro? Lo que sucede con el fracaso es que muchas veces se repite interminablemente justo porque no nos damos tiempo de sopesar las experiencias y decisiones que nos llevaron a él. Como todo en la vida, mientras más reflexión le invirtamos, más aprendizaje retendremos y menos probabilidad tendremos de cometer en el futuro los mismos errores.
  4. Aceptando la incertidumbre: ¡Fuera el control! Yo sé que a los seres humanos nos encanta “tratar” de controlarlo todo. Y mira que la palabra controlar está entre comillas justo porque si de algo estoy segura, es que en la vida podemos controlar muy poco (por no decir que casi nada), entonces, ¿para qué malgastar nuestras horas planeando cada segundo, como si la vida no fuera lo suficientemente impredecible? Si aceptas la incertidumbre que ya conlleva el sólo hecho de estar vivo, entonces sabrás que cada experiencia que te regala tu existencia está ahí para mostrarte algo, para enseñarte y elevarte como ser humano; esto, por supuesto, incluye tantos tus éxitos como tus fracasos.
  5. Preguntándote: ¿Cuánto realmente deseas lograr tu meta? Si te das cuenta, aquell@s que han logrado sus metas en cualquier ámbito, han sido y son seres persistentes, constantes y hasta un poquito (o muchito) necios. Han sabido seguir su voz interior, sus pasiones, y se han enfocado y trabajado por ellas pese a lo que dijeran otros. Si realmente deseas lograr algo, pregúntate si estás dispuest@ a ser constante e incluso, a neciar un poquito, a ir a veces contra la corriente, a ser resistente y a sobreponerte al fracaso. Si deseas algo, pero no estás dispuest@ a ir con todo y por todo, entonces lo más probable es que el primer fracaso te derribe y no sólo eso, sino que te deje paralizado por mucho, mucho tiempo.

Entonces qué…¿te gana o le ganas al fracaso?

¡La respuesta depende sólo de ti!

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