Los Dichos de la Abuela: “Del árbol caído, todos quieren hacer leña”

Cuando nací, hace casi 35 años, mi mamá, haciendo caso a las súplicas del tío Marcelo, accedió a llamarme Dora Alicia, en honor al único amor que mi tío tuvo en su vida, y que le fue arrebatado por unos suegros “mal vibrosos” que se la llevaron lejos argumentando que el tío Chelo tenía poco o nada que ofrecerle.

Sufriendo por amor y al ver a una niña sonrosada llegar al mundo de los Pancardo, mi tío suplicó a mi mamá nombrarme como aquel amor para que, cada vez que me llamara, sus recuerdos lo llevaran hacia ella (que para mi gusto eso es tortura china, pero eso es otra historia). El caso es que mi mamá le dio gusto y así comenzó la triste historia de la cándida Dora y su nombre bulleable.

La verdad, poco o nada me di cuenta de todo el “juego” que representaba llamarme Dora durante mis primeros 15 años de mi vida, lo cual cambió radicalmente cuando ingresé a la preparatoria, pues entre las hormonas encendidas de mis compañeros pubertos y la mucha creatividad que se derrama en esos años (y que se canaliza básicamente en molestar a los demás), empecé a reconocer que esto de llamarme Dora iba a ser más complicado de lo que pensaba.

Casi sin darme cuenta aparecieron, uno tras otro, apodos de todo tipo: simpáticos, morbosos, dolorosos….pasando por casi todos los electrodomésticos (bati-Dora, licua-Dora, lava-Dora, etc), hasta llegar a los que realmente me hicieron avergonzarme de mi nombre, como el Mamá-Dora (que claro, ahora escribo súper relajada y que he superado en gran parte, pero que, en muchas ocasiones, me hizo cuestionarme incluso el hecho de ser madre para que mis hijos no me llamaran de ese modo).

El caso es que, si se trata de bullying, el Dicho de mi Abuela aplica perfecto:

 

“Del árbol caído, todos quieren hacer leña”

Darme cuenta que mi nombre era la característica que me hacía ser el “árbol caído” en el salón de clases de la preparatoria, no fue fácil y tampoco agradable, pues se juntó con el sobrepeso considerable que yo cargaba y que, poco a poco, me hizo ser más retraída, más nerd y más alejada de aquellos que me insultaban (algunos de ellos, por cierto, se encuentran en mis contactos actuales de facebook, así que si tú me llamabas así y estás leyendo esto, reconoce que el karma existe y arrepiéntete en silencio de tus pecados).

Como ya decía, superar mi propio nombre me llevó años, incluso considerando a veces cambiármelo, reprochándole a mi mamá el hacerle caso a su hermano y maldiciendo la hora en la que el tío Chelo había tenido una novia con tal nombre. (¿Yo qué culpa tenía?).

Sin embargo -y afortunadamente-, la vida me ha llevado por caminos que me han hecho reflexionar y aprender, incluso de aquellos infortunios y de quienes, aún ahora, se botan la carcajada cuando alguna palabra se pega con el “Dora” y suena graciosa. Ya eso no me hiere, ya me río también y, si me molesta, ya también soy capaz de expresarlo, pero eso cuesta mucho esfuerzo, mucho análisis y mucho valor; sí, aunque parezca simple, no lo es.

Por eso, y porque sé que el bullying es como el pan nuestro de cada día en estos tiempos, te dejo mis experiencias sobre lo que aprendí de todo esto no sólo por mi nombre, sino por otras características que hoy me definen y enorgullecen como persona. Ojalá esto que escribo a continuación te sirva a ti como madre o padre, o te ayude, de algún modo, a superar algún bulleo recibido o a reflexionar si eres tú quien bullea:

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1. Un@ NUNCA debe avergonzarse quien es y por lo que l@ define: Así sea el nombre, una discapacidad, un lunar o que le agrade la literatura en lugar del futbol. Esas características son las que nos definen, las que nos hacen ser únicos. ¿Por qué avergonzarse por aspirar a ser “del montón”?

2. Cuando te traten como no te gusta, HABLA: Tienes todo el derecho de NO PERMITIR que te llamen como no quieres, ni que te hieran, lastimen, insulten o se burlen. Si la gente se enoja, si te toman como “especialit@” es su problema, no el tuyo.

3. La gente piensa que su comentario o burla, siempre es innovador: A mí me siguen poniendo apodos derivados de mi nombre (eso parece que no cambiará), sin embargo, lo que más me llama la atención es que siempre, quien lo dice, piensa que es la primera vez que lo escucho. ¡Por Dios! Tengo casi 35 años, ¿realmente creen que su comentario es innovador?

4. Las burlas no te definen, mucho menos las opiniones de las personas que las generan: Yo entendí, más tarde que temprano, que mi nombre no era impedimento para realmente ser mamá, ni que tampoco tenía que estarme cuidando de pronunciar una palabra que se acomodara y provocara la burla de la audiencia. Eso no me define, si los demás quieren pensar que sí, siento pena por sus cerebros pequeñitos.

5. Compasión, para quienes bullean: Las personas que hieren de esta forma tienen problemas fuertes, sobre todo los niños: esa falta de atención, cariño y reconocimiento es canalizada con los demás, con quienes consideran débiles por cualquiera que sea la condición. Esa carencia NO TIENE QUE VER CONMIGO NI CONTIGO, si es que estás siendo víctima. Se trata de ellos mismos sintiéndose mal con quienes son, descargando sus frustraciones porque no pueden hacerlo con quienes realmente les hacen daño. Fuerte, pero real.

6. Mensaje para los bullys: Nunca subestimen a sus presas: Pues no saben si esos niños o niñas que ven indefensos, van a llegar a ser escritores, presidentes, defensores de los derechos humanos y lograrán ponerlos en evidencia algún día; recuerden: no hay forma de escupir hacia arriba sin que a uno le caiga en la cara.

7. Después de todo, no está tan mal llamarse DORA: Mi nombre tiene compuestos de apodos bonitos, me han dicho, por ejemplo: “Dora la Encantadora”, “Niña aDORAda”, y muchos otros que suenan tan lindos, que hacen que agradezca llamarme así. Además, a los niños les encanta que me llame como Dora la Exploradora, y las personas nunca se olvidan de mi nombre cuando les recuerdo que me llamo como la caricatura. Seguramente eso también será un buen motivo para jugar con mi propia hija, Julieta.

 

Que el “bullying” está de moda, dicen…

Y yo me pregunto si de verdad será una moda o más bien se trata de una realidad que poco a poco va mermando la autoestima, los valores y el respeto que nos debemos los unos a los otros.

Yo me cansé de ser “el árbol caído del que todos hacen leña”, y de verdad espero que quienes han pasado por la misma situación se cansen también de serlo, pero sobre todo, espero que quienes lo practican, se cansen de reflejar sus frustraciones en los demás, y encuentren el aprecio y el amor necesarios para aceptarse y aceptar a los otros como son.

Y como conclusión, les dejo un regalito a propósito del tema:

 

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